Una rosa, un libro y un dragón
Antonio buscaba un libro que realmente le motivase cuando un niño pasó correteando por su lado gritando: ¡Mama, una rosa! Rosas...las había rojas, rosas, azules, tintadas, amarillas...; con envoltorios plateados, transparentes, naranjas, estampados y adornados con cintas que simbolizaban la senyera. En otras paradas, la rosa tradicional adquiría otros soportes, otros complementos, otras maneras de presentación como jarrones o macetas.
De entre los 42 puestos que había en la plaza, una gran mayoría eran de estudiantes, ya fuera de universidad, de bachillerato o de la E.S.O. Más pequeños, más sencillos, de no más de metro y medio de largo con carteles o sábanas pintadas con frases como: Viatge pioners A.E la Floresta, Feliç Sant Jordi o Por la compra de una rosa le tomamos la tensión. Aquí había tres chicas vestidas con bata blanca y con el fonendoscopio colgado del cuello dispuestas a advertir a sus compradores del estado de su salud. Entre ellas se encontraba Lluïsa, una estudiante de 5º de medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ella explicó que estaban recaudando dinero para el viaje de fin de curso. Y añadió: Aún nos quedan muchas rosas por vender. Hasta ahora muy pocos se han querido tomar la tensión, por si acaso...no querrán saber como están.
Aunque rosas y libros fueron lo más solicitado, también quedó sitio para llaveros, chapas y pins independentistas y antifascistas, camisetas, bocadillos, pasteles, y bizcochos. Los partidos políticos tampoco querían perder la oportunidad de repartir propaganda. CiU, por ejemplo, regalaba globos a los más pequeños. También hubo sitio en la plaza para el Diari de Sant Cugat y Radio Sant Cugat, que estaba emitiendo en directo un programa de premios de narraciones escritas por estudiantes de dieciséis años, entre ellos una chica del instituto Angeleta Ferrer, y un chico del colegio Ágora. Otras asociaciones como Cáritas o ASD África se unieron de igual modo a esta festividad que rememora la leyenda de Sant Jordi, el caballero que salvó a la princesa de las garras del dragón.
El puesto de ASD África lo habían creado con dos caballetes y una tabla cubierta por una sábana granate con una especie de espirales azules y beiges. De la carpa también colgaban diferentes telas oscuras que impedían la entrada de luz. Como decoración habían elegido una máscara marrón con algunos detalles blancos de un búho de Burkina Faso; un tótem suau de madera proveniente de Sur África y una máscara del jefe de una tribu, Bobo de Auso, que se llevó en un baile tribal. Todos estos detalles los proporcionó Sam, el organizador; un chico africano de piel blanca que reivindicaba el hecho de que todos tenemos raíces africanas. Él dijo: Buscamos publicidad para recoger ayudas con la voluntad de cada uno. Junto a él había un refugiado y un entrenador de fútbol de Camerún que, según dijo, era amigo de Samuel Etoo. Además de ofrecer rosas, daban puntos de libro hechos con cartulinas de colores rodeadas con un trozo de tela añil estampada traída desde Burkina Faso.
Por allí pasó una niña con gafas de pasta y montura amarilla que sostenía un globo con forma de delfín rosa que iba chocando por todos lados. De pronto se paró a ver algo, era un perro, grande y dócil, tumbado boca arriba que incitó la curiosidad de algunos pequeños y otros que no lo eran tanto.
Eran entonces las 13.05. Ya no se oía el ruido del gentío. Los pájaros piulaban. Unos pocos paseaban ya con sus rosas y libros. Estaba en la Rambla del Celler, donde no había más que dos paradas de rosas. Caminando, se veían colgadas de los balcones las banderas catalanas. A las 13.25 llegaba a la Plaza de la Estación. Tan sólo una carpa amarilla de la librería Alexandría y cinco puestos de rosas, dos de ellos cubiertos con sombrillas multicolores. A la salida del tren, un grupo de chicas entonaban una canción que decía: Rosa, és molt maca i fa molt bona olor.
De nuevo en la Plaza del Monasterio, comprobé que los libros más vendidos habían sido La velocidad de la luz, de Javier Cercas y En el blanco, de Kenn Follet. Esa plaza era donde realmente se encontraba la multitud; el punto clave del Sant jordi de Sant Cugat de este 2005.
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Antonio -